Las instituciones ya avanzan en mecanismos de evaluación a distancia y comienzan a definir recomendaciones comunes.
La vuelta a las aulas se avizora lejana. Más todavía en el nivel superior, donde la educación a distancia parece ser una posibilidad más viable. Las universidades ya lo saben y, al compás de sus cursadas, avanzan en modalidades virtuales de evaluación. Las opciones que barajan son variadas y con distinto grado de sofisticación: trabajos prácticos, orales por videoconferencia, portafolios y hasta exámenes sincrónicos con tiempo limitado.
Ahora, el interrogante es cómo tomarán los parciales y finales correspondientes, sabiendo que como mínimo todo el primer cuatrimestre transcurrirá sin aulas. Ante la inquietud, la Red Universitaria de Educación a distancia de Argentina (RUEDA) -que depende del CIN, el consejo que nuclea a todos los rectores- elaboró un documento con una serie de sugerencias a tener en cuenta a la hora de evaluar cursadas no presenciales.
Más allá de que cada institución tiene autonomía, proponen que se evalúe la cursada a partir de las opciones de seguimiento que ofrecen las aulas virtuales, como los portafolios, las bitácoras o los trabajos encadenados que conducen a uno integrador. Para los finales, sugieren que se tome en cuenta el recorrido trazado por el alumno y se concluya con producciones creativas y de resolución de problemas.
El documento también pone el foco en aquellas materias más bien prácticas. “Cuando la asignatura fue pensada con la modalidad presencial exclusivamente, la decisión de la acreditación debe tomarse de manera coherente con la propuesta de enseñanza, decisión que se vuelve más compleja en tanto la materia tenga espacios de prácticas de taller, docentes o de laboratorio, que no pueden reemplazarse en la virtualidad”.
En las universidades privadas también sospechan que la vuelta a clases presenciales demorará más de la cuenta.
