Aunque en los comandos de las campañas más potentes intentan desentenderse del tema, la “campaña sucia” está a la orden del día en la provincia de Buenos Aires, donde la centralidad de las redes sociales y los mensajes híper segmentados como nuevas herramientas para intentar sumar voluntades convive con una inédita circulación de falsedades.
Es que aunque siempre existieron, las estrategias de campaña destinadas más a dañar al candidato del banco contrario que a mostrar las virtudes del propio adquirieron un volumen distinto a partir de la masificación de las nuevas tecnologías, que permiten potenciar la desinformación como estrategia básica para poner al rival a la defensiva.
Las plataformas son múltiples: desde el viejo teléfono, que ya fue casi dejado de lado, pasado por Twitter e Instagram, las dos redes sociales donde comenzaron a desplegarse este tipo de mensajes centrados en el mundo político, hasta la popular aplicación Whatss App, que en esta campaña logró un centralidad que hasta ahora no había tenido.

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