El potrero de la FIO

El potrero de la FIO que volvió a latir

El potrero de la FIO que volvió a latir, son 25 que visten la misma camiseta y gambetean dispuestos a ganar más vínculos que tiros al arco. Todos son parte de la comunidad FIO y acaban de poner en condiciones la cancha del campus universitario además de redefinir objetivos. La pandemia los impactó pero había equipo y se notó.

Acaban de nivelar el suelo y ya pintaron las líneas del campo de juego, además pretenden sumar un buen sistema de riego y, en el corto plazo, anexar unos bancos de suplentes. Ya se respira el fútbol de siempre y todos lo han hecho posible: muchos estudiantes, un puñado de docentes y graduados más algún amigo invitado son los que rinden tributo a la pelota cada vez que pueden. Entrenan -pocas veces todos juntos porque cuesta congeniar horarios- en el campus, el gimnasio o el parque. Y lo hacen con energías renovadas, después de la enorme pausa que les impuso la pandemia.

El sello FIO sigue presente en cada rincón de esa canchita que permaneció muda en 2020 y poco a poco fue recuperando su mística, con encuentros cuidados y redefinidos a fuerza de Covid.

“El proyecto de competir en el fútbol ya viene instalado desde hace varios años, incluso antes de que yo ingresara, en 2016. Y tiene varios objetivos, el primero es tener una actividad extracurricular donde también se aplica una cuota en lo sociable con chicos que forman parte de la misma facultad”, cuenta con entusiasmo Joaquín Stular, estudiante y delegado del equipo que ostenta la camiseta de la Facultad de Ingeniería de Olavarría.

Otra meta era disponer de “la mayor cantidad de jugadores que pertenezcan a la facultad por las Olimpíadas” de la UNICEN, que tienen como escenario la sede central de la universidad, en Tandil, según comenta el joven de 25 años que estudia Ingeniería Civil.

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La esencia del equipo

El equipo consta de 25 jugadores. La mayoría son alumnos que cursan diferentes carreras en la FIO y que están dispuestos a gambetear junto a tres docentes de la facultad, algún ingeniero recién recibido y un par de conocidos que completan la formación.

“Nos apoya la facultad dándonos los materiales para mantener la cancha en gran medida”, valora Joaquín Stular que cumple a rajatablas las tácticas de su entrenador, que es “el papá de uno de los chicos” y oficia de “nuestro director técnico todos los sábados”.

Calzarse la camiseta y encontrar un día y horario para armar un picadito no resulta sencillo. “Actualmente por temas de horario de la facultad no estamos coincidiendo muchos para poder entrenar pero lo hacíamos y la idea es hacerlo para estar en forma. Practicábamos en la cancha de la Facultad, a la tarde” pero si no “cada uno se entrena particularmente por temas de horario en el gimnasio o corriendo en el parque”, plantea el delegado.

Volver, aunque fuera en modo Covid y con protocolo mediante, fue muy movilizador porque es un “espacio que significa mucho para varios, ya que todos los que estamos en el equipo amamos el fútbol y aún más este fútbol amateur y también tiene su importancia el tema social ya que hacés varios amigos y disfrutás todos los findes una jornada entre todos, siempre apuntando a la diversión y en parte en lo competitivo”, señala el joven que en 2021 pudo desempolvar sus botines.

La alegría de volver a patear la pelota fue doble porque “justo antes de la pandemia habíamos empezado fuertemente en este proyecto de la facultad con un chico que ahora está recibido y trabajando en Buenos Aires. Todo estaba saliendo bien y por buen camino así que el golpe fue en todos los aspectos, individualmente y también al equipo”, grafica con pesar Joaquín Stular.

Después de un año, pudieron retomar aquellos encuentros dentro y fuera del campus universitario, ubicando en un mismo escenario las rodilleras, los barbijos y el alcohol en gel.

Salir a la cancha:

El potrero de la FIO que volvió a latir, “ahora ya estamos más tranquilos y relajados haciendo lo que nos gusta y trabajando libremente para seguir sumando”, celebra Joaquín Stular, con los juegos olímpicos 2022 en la cabeza y los cortos listos para pisar con firmeza el suelo tandilense.

Todos salieron a la cancha, la acondicionaron y cuidaron cada detalle. “Empezamos con un poco de nivelación y pintado de líneas pero tenemos más proyectos como darle un buen regado y mantenimiento, además de la idea de hacer unos bancos de suplentes de material que cubran del sol”, comenta el delegado y vocero del equipo.

Hubo varias manos que ayudaron a cambiarle la cara a esa canchita de la FIO. “Ayudaron fuertemente Joaquín Domato y Federico Ponce, que son dos amigos docentes de la Facultad, con el apoyo de Elías Domínguez, un chico recibido recientemente de Agrimensor que ayudó con las medidas del campo”, apunta Stular.

La gestión de Ingeniería también abrió el juego y, encabezada por el ingeniero Néstor Ferreyra, a cargo de la Secretaría General, “nos ayudó con todas las inquietudes y puso a disposición materiales y herramientas. También colaboraron los demás chicos que son parte del equipo y lo hicieron en la medida que podían”, destaca sobre el final Joaquín Stular, con la camiseta verde a rayas preparada para salir al próximo encuentro y, de paso, jugar un rato al fútbol en ese potrero universitario que sin dudas ha vuelto a latir.

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